Carrito


La llamada “cosmética natural” está de moda y es fuente de tendencias. Es un hecho que en España, y en el resto del mundo, va ganando más fuerza entre los consumidores. Y, por tanto, las empresas se afanan en ofrecer productos a los que califican como naturales.

Las marcas hacen todo tipo de reivindicaciones; y si es en inglés parece hasta más sofisticado (que si cruelty free, toxic free, paraben free y un largo etcétera). Lo que no hace más que confundir e intentar vendernos productos que a lo peor no son lo que parecen.
En el Blog de Finaderm queremos aportaros un poco de luz e intentar dar respuesta a preguntas tales como: 

SE PUEDE DENOMINAR NATURAL A UN COSMÉTICO?, ¿QUÉ GARANTÍAS TENGO QUE LO SEA?

Pues sí, se puede usar esta denominación. No se infringe ninguna ley. Y no existe una legislación que lo regule. Por tanto cualquier empresa puede denominar a su producto como natural. Sin más garantía que la que esa empresa quiera tener y dar.
Así mismo una empresa puede voluntariamente seguir y aplicar lo descrito en la norma ISO citada, sin que nadie se lo tenga que evaluar. Y podría cumplirla y asegurar su cumplimiento al usuario del cosmético.
No se sabe si esto en un futuro puede cambiar, al existir la citada normativa ISO, pero por ahora así es.
Por no hablar que la mayoría de los cosméticos van en envases muy poco “naturales”. La mayoría son plásticos o los contienen. Estos plásticos contienen sustancias (polimerizadores, espesantes, colorantes, etc,) que pueden migrar al cosmético y contaminarlo (incluso hay vidrios de baja calidad que pueden liberar metales pesados). Por eso la exigencia de evaluar la no interacción entre envase y producto.
Así mismo que un cosmético en su etiquetado lleve algún tipo de certificación (o sello/s) de las citadas empresas o parecidas; no implica ni más, ni menos que de manera voluntaria la empresa ha pagado a esas certificadoras, las cuales (con mayor o menor rigor) se supone han evaluado a la empresa cosmética y/o sus productos, en el cumplimiento de dicha normativa. Además que no podemos olvidar que algunas de esas certificaciones son propietarias, lo que quiere decir que para mantenerlas, hay que seguir pagando periódicamente.
Ha de quedar claro que la garantía del cosmético SIEMPRE la da el responsable del producto (acorde a las regulaciones de la Unión Europea) que debe cumplir la legislación. Y cualquier alegación que haga al producto, tiene la responsabilidad de cumplirla. Sin necesidad que un tercero deba certificarla.

¿Y ESO DE VEGANO, QUÉ ES?

A los perfiles tradicionales de consumidores de productos de cosmética, preocupados por la imagen y el cuidado de su piel se les ha sumado, desde hace un tiempo, un nuevo perfil de ciudadanos más concienciados con un consumo responsable y con el respeto al medio ambiente. Es un consumidor exigente y que intenta informarse, aunque en muchas ocasiones se deja llevar por modas o conceptos más de márquetin, que científicos.
Inspirado en el concepto de alimentación vegana, despega con gran fuerza en la industria cosmética esta palabra. 
Los cosméticos veganos serían aquellos cuya formulación está libre de ingredientes de origen animal y sus derivados. 

Sin olvidar que en la Unión Europea TODOS LOS COSMÉTICOS Y SUS  INGREDIENTES no pueden haber sido ensayados en animales. Por lo que alegar Cruelty free o no ensayado en animales, no es una alegación legal en la Unión Europea. Porque por exigencia legal, ninguno puede haberse ensayado así siendo innecesario indicarlo en la etiqueta o información del producto (ni poner sellos o pictrogramas que pudieran dan a entenderlo).
De nuevo con el concepto de vegano en cosméticos nos encontramos con varios problemas. El primero, y al igual que en el de natural, es que ese concepto no está amparado por reglamentación, ni legislación alguna (tampoco por norma ISO alguna). Por tanto que un fabricante utilice este concepto será creíble en cuanto lo sea dicho fabricante. Y que alguna empresa certificadora ofrezca, previo el pago correspondiente, certificar que el producto es vegano, no tiene más valor que el que se le quiera dar por el consumidor.
En segundo lugar si no se usan ingredientes de origen animal, entonces se sustituyen por los de origen vegetal (sin entrar en disquisiciones sobre el sufrimiento de los vegetales como seres vivos) o microbiano pero, ¿y si no hay sustituto de origen vegetal o microbiano?, entonces se tendrían que usar los de origen sintético (¿químico?).
Pensemos por ejemplo en el colágeno (la única forma -por el momento- de obtener colágeno es a partir de restos de animales como huesos, cartílagos, espinas, aletas, etc.) o el caso del ácido hialurónico (obtenido de las crestas de los gallos, huevos de gallinas, de las aletas de tiburón o de las articulaciones de las vacas, aunque puede obtenerse por un procedimiento de fermentación complejo, caro que implica extracción y purificación con muchos disolventes). Hay muchos más ejemplos, pero incluso pudiendo sustituir algunos ingredientes por otros “veganos”, esto supone no solo un encarecimiento de los cosméticos, sino la necesidad de disponer de las fuentes alternativas (no siempre fácil) que además no incrementen el impacto sobre la naturaleza.
Entonces puede ocurrir a un consumidor vegano que rechaza los ingredientes de origen animal y se va a encontrar que las alternativas son las sintéticas o las obtenidas por procedimientos industriales complejos y muy contaminantes también.

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